La mayor parte de los vinos producidos en la Conca son blancos y rosados, destinados a la obtención de espumosos con Denominación Cava. No obstante, nos encontramos en una zona con unas condiciones privilegiadas para la elaboración de unos vinos tranquilos, en especial los tintos, excelentes. Viticultores y enólogos, conocedores de este potencial, están coordinando esfuerzos para obtener vinos de alta calidad, y poco a poco va creciendo la producción que finalmente se embotella con D.O. Conca de Barberà.

Las variedades tradicionales productoras de vino blanco son el Macabeu y la Parellada. Con ellas se obtienen unos vinos de color amarillo pálido brillante, ligeros, de fino aroma afrutado y moderada graduación alcohólica. El Chardonnay y el Sauvignon blanc son variedades de introducción reciente, que puede participar en un cupaje con las dos variedades anteriores, aportando cuerpo y consistencia, o bien destinarse a una elaboración monovarietal con las técnicas más modernas de fermentación y crianza en barricas de roble, dando lugar a vinos de prestigio reconocido.

El vino rosado más característico de la denominación de origen proviene de la uva tinta Trepat , una variedad autóctona de la Conca de Barberà. Es un vino destacable, ligero, fresco y afrutado, de color rosáceo-frambuesa, limpio y luminoso.

El vino tinto procede tradicionalmente del Ull de Llebre (Tempranillo) y de la Garnatxa. Pero las variedades extranjeras como la Cabernet Sauvignon, la Merlot, la Pinot Noir y la Syrah se han adaptado perfectamente al clima y a los suelos de la Conca y están dando muy buenos resultados. También hay quien sigue apostando por las variedades nacionales como la Cariñena y la Monastrell. Los tintos jóvenes son suaves y ligeros, sabrosos en boca. Los que reciben crianza en barricas de roble son más corpulentos, adquieren una gran complejidad aromática y presentan una buena persistencia.

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